Arturo siempre ha sido así un poco misterioso y una presencia constante en las calles de este barrio, nunca supe realmente su historia,algunos me dijeron que era un militar que había caido en drogas, otras veces el hijo de una vecina que lo dejó por sus problemas, sin embargo él es eso, el olvido y el abandono de todos.
Ayer me encontré con Arturo, ¿recuerdas a ese hombre? Pues llegó a mi casa, resulta que mi madre entró corriendo porque Arturo la estaba esperando, se cruzaron cuando ella regresaba a casa después de comprar tres libras de tomate y un manojito de espinacas y ella le ofreció un poco de sopa.
Cuando eramos niños yo lo veía en los potreros del barrio jugando fútbol con los niños, hombre que miedo me daba, yo lo creía loco pues al rato se dormía entre la hierba, por eso este sobre va lleno de malezas y flores lindas que crecen en estas sabanas.
Arturo es como el gato que rescatamos en el centro. Un poco perdido un poco a salvo de todos. Cuando mi mamá me dijo lo de la sopa, el alma se me hizo un nudo y miré por la ventana, ahora era un nudo ciego, nunca había visto a alguien esperar una sopa con tanto anhelo. Le ayudé a mi mamá a bajar la sopa, le arrimamos una silla pues porque hombre, eso no nutre si uno no come bien acomodado, y obvio le pasamos un banano porque sopa sin banano es beso a medias.
Me dijo » gracias mi mayor» y recordé que el mundo se ha olvidado de enternecerse por el otro, «de nada Arturito» le contesté, pensé en quedarme pero él me dijo » siga tranquilo que este frio le hace daño» yo me entré, mi mamá es un angel definitivamente y Arturo es otro, pero sin magia en la mirada todos nos volvemos meros mortales a medio deshacer en los ojos de los otros.
Me entré como insatisfecho, ¿ hice lo correcto?¿debí hacerlo entrar? Pero el hombre se negó cuando le puse la silla adentro, bueno, ya veremos.
Arturo se comió la sopa con ganas, no tanto por hambre, mas bien por gusto, me miró con ilusión y gratitud cuando bajé a recibirle el plato, se despidió y se fue, de regreso a su misterio, a la costumbre de verlo caminar por ahí, de verlo dormir entre la hierba, de perderlo entre la multitud como un mortal mas.
Yo me entré a la casa, de regreso a mi encierro, a la soledad de ver el mundo por la ventana, con mi mamá comimos sopa esa noche, de la misma que comió Arturo, estaba buena, le sobé la cabeza al gato y me fui a mi cuarto a escribirte esta carta, para que te acuerdes de Arturo y lo incluyas en tus oraciones que son como abrazos. Si así agradeció una sopa quizás también extrañe un abrazo. No sé, los abrazos son como la sopa, no a todos les gustan pero siempre hacen bien a quien los recibe.

